Químicos y genes

En su blog Scientia, el divulgador científico José Manuel López Nicolás cuenta una interesante historia titulada Biotecnología y referéndums sobre el que tuvo lugar en Suiza en 1998 para decidir la prohibición o no de cualquier investigación biotecnológica. No les quiero contar nada sobre las causas que llevaron al gobierno suizo a plantear tal convocatoria, lo que ocurrió en los días previos y menos aún el resultado. Les invito a que lo lean ustedes en el propio blog de López Nicolás.

Sin embargo, hay dos aspectos de la entrada que han llamado poderosamente mi atención.

El primero es el estudio que realizó un discípulo del autor del estudio para su tesis doctoral según el cual, un porcentaje elevadísimo de la población afirmaban que jamás consumirían un producto lácteo en cuya elaboración se hubieran usado microorganismos o un tomate que contuviera genes.

No hace falta llevar a cabo ningún estudio para saber que el mismo porcentaje de personas rechazarían consumir alimentos que contuvieran “químicos” (sustancias químicas).

Es posible (y deseable) que se haya reído de lo descrito en los dos párrafos anteriores. Pero también es muy posible que usted mismo forme parte de ese enorme grupo poblacional que rechaza los microorganismos, los genes y las sustancias químicas. Luego hablaremos de ello.

Pero antes, y por si es usted de los que se ha reído, déjeme que le diga que los biotecnólogos y científicos en general en Suiza saltaron a la arena en 1998 para explicar a la población cosas tan básicas como las que trataré de aclarar yo a continuación. El resultado fue que… Bueno, léalo en el blog de José Manuel López Nicolás.

El caso es que es imprescindible que las personas con la formación suficiente empiecen a decir bien alto y bien claro la verdad. Es urgente que los ciudadanos de este país, y de la Unión Europea, comiencen a salir de su inconsciencia, que nos liberemos de la tiranía de los ignorantes, que exijamos a los gobiernos que hagan más caso de los científicos y menos de chamanes y hechiceros.

Esa es la razón de ser de este blog. Y de muchos otros que le recomiendo que lea y difunda.

Pero, vayamos al asunto. Lo primero que debo aclarar es que no soy un experto en biotecnología. Ni siquiera en Biología. Los conocimientos que tengo de estos temas se remontan a lo que estudié en mi juventud en el bachillerato y solo se han visto reforzados con cosillas que he leído aquí y allá. Quiero decir que mi formación científica no va por ahí y, por tanto, no es necesaria para entender cosas que son tan básicas que están al alcance cualquiera.

Empecemos por los microorganismos, es decir, organismos muy, pero que muy pequeños. Lo que en modo alguno significa que sean perjudiciales para la salud. Algunos los son, desde luego, el virus de la gripe o el VIH son microorganismos peligrosos. Pero también son microorganismos los componentes de la flora bacteriana de nuestro aparato digestivo, los famosos Bifidus que tanta gente busca en un yogur como garantía de calidad, las levaduras que se usan para elaborar el pan. A menos que usemos levaduras químicas; algo que forma parte del siguiente tema que trataremos aquí.

En definitiva, un yorkshire y una serpiente boa tienen en común que son animales. No se debería sentir rechazo hacia los animales solo porque las boas sean peligrosas. Pero es que, además, lo cierto es que la mayor parte de los microorganismos, incluyendo virus (que no se consideran seres vivos), bacterias y hongos, son inocuos o incluso beneficiosos para la salud humana

Vamos con los químicos (yo lo soy, en más de un sentido). Lo primero que debemos saber es que no hay nada material que no esté formado por sustancias químicas. Cansa repetir esto, la verdad, pero nunca dejaré de hacerlo. El agua es una sustancia química, el aire es una mezcla de sustancias químicas, una flor de manzanilla está saturada de sustancias químicas, las frutas, las verduras… Todo está formado por sustancias químicas. Además, Wohler demostró en 1828 que no existe ninguna diferencia entre un compuesto químico procedente de un animal o vegetal y el mismo obtenido en un laboratorio.

Lo mismo que con los microorganismos, existen sustancias químicas perjudiciales para la salud y otras que son beneficiosas. Aún más, algunas son beneficiosas para ciertas personas y perjudiciales para otras. Aún más, algunas son beneficiosas en pequeñas dosis y perjudiciales en altas. Y fíjese que en ningún momento hemos hablado del origen natural o artificial de la sustancia. La cafeína es beneficiosa a bajas dosis y mortal a altas. Y lo mismo da que la extraigamos del café o del te, o que la sinteticemos en un laboratorio. La cocaína, un alcaloide extraído de la planta de la coca es… en fin, está claro cuál es efecto sobre el cuerpo humano. ¡Y es absolutamente natural!

La presencia de “químicos” en un alimento, una bebida o cualquier objeto de consumo no solo es inevitable, sino que, además, no es sinónimo de falta de calidad… Ni tampoco lo contrario.

Y he dejado para el final la mayor de las estupideces. La taxonomía de los seres vivos que se estudia en el bachillerato es algo diferente de la que estudié yo en el mío. Pero hay algo que está claro: los genes son los componentes básicos del ADN y todo lo que no sea mineral (o virus) tiene ADN. O sea, todo lo que comemos tiene genes. Incluyendo los tomates (hasta los ecológicos), las chirivías, y las patatas fritas.

Tenga usted mucho cuidado si le ofrecen un alimento sin genes porque le estarán dando una piedra. Y salvo excepciones como la sal, los minerales no entran a formar parte de nuestra dieta. Aquí debo añadir que en nutrición se denominan minerales a los compuestos inorgánicos presentes en muchos alimentos de origen animal, como los iones Ca (II) o Fe (II) y Fe (III). Hay muchos aditivos minerales (inocuos todos ellos), pero todos los alimentos (no necesariamente todos los nutrientes) sean de origen vegetal (los tomates), animal (una lubina) o microorganismos (ya sabe, las bacterias, las levaduras, etc.), tienen genes.

Se lo aseguro. No existen los tomates sin “químicos” y sin genes. Y si se los ofrecen en un restaurante, le están engañando. Le están ofreciendo menos que aire. Le están vendiendo “la nada”

Si no quiere quedar usted como un ignorante, no rechace los químicos, ni los genes, ni los microorganismos.

© Nacho Sendón. Alicante, 2 de septiembre de 2015

6 comentarios


  1. No es la primera vez que leo u oigo acerca de los transgénicos y estoy totalmente de acuerdo en que modificar o añadir un gen no es negativo, sino que el objetivo es lograr un efecto positivo.
    El problema es que una parte de la población (bastante elevada, al parecer) cree que todo lo relacionado con la química y la biotecnología es algo negativo, debido simplemente a la ignorancia. Para solucionarlo, pienso que es importante concienciar a la ciudadanía a través de campañas, conferencias… (como se hizo en Suiza) y coincido con José Manuel López Nicolás en que los científicos tienen la obligación de explicar a la gente en qué consiste su trabajo y que se espera que aporte.
    Por último, el gobierno debería tener un consejo de científicos que explique y aconseje sobre los asuntos científicos, para evitar decisiones erróneas y perjudiciales para el avance científico.
    Un saludo,
    Sergio.

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    1. Con respecto a lo que dices, resulta interesante leer la entrevista que publica hoy el diario “El País” con el premio Nobel de Química de 2009 Venkatraman Ramakrishnan (http://elpais.com/elpais/2015/09/14/ciencia/1442198203_097186.html). Destaco el siguiente párrafo: “Para alguien como yo, que ha crecido en India, estas resistencias [a los transgénicos] se ven como una cosa de gente que nunca ha conocido el hambre. Le dicen a los países pobres: seguid con hambre. Este tipo de objeciones son un lujo, porque los que las tienen saben que hay mucha comida en Europa y no les importa. Pero en muchas ocasiones los alimentos modificados genéticamente pueden marcar la diferencia: adaptados a la sequía o con más nutrientes en un cultivo, como el arroz dorado, en el que se introducen precursores de la vitamina A y puede ayudar a prevenir la ceguera infantil. Estamos solo empezando a entender todos los beneficios de los alimentos modificados genéticamente.”

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  2. Nacho, estoy de acuerdo con lo que dices, el problema, como dice Sergio, es que la población no está informada de este tema y cuando mencionas la palabra transgénico o químico sienten un rechazo muy grande, cuando ni si quiera saben que significa esa palabra, simplemente se ha hecho una campaña en contra del uso de éstos, y como una gran parte de la gente se cree absolutamente todo lo que dicen en la tele, no leen otras fuentes y escuchan una única versión.
    De hecho, ya hemos hablado alguna vez en clase sobre el DDT, y he probado a buscar en Internet “DDT” y sin contar los enlaces de Wikipedia, la gran mayoría eran blogs y páginas web que hablan de lo peligrosísimo que es, sin embargo he buscado en otras fuentes y he visto que no hay ningún estudio científico que demuestre que es malo para nuestra salud. De hecho, ha beneficiado mucho a la salud de muchísimas personas.
    Lo mismo me ha pasado buscando acerca de los transgénicos, incluso he encontrado una página en la cual se entrevista a un experto de la Comisión Europea en transgénicos en la que dice que son muy malos para la salud, sin embargo, mira como responde a estas preguntas:
    -¿En qué dosis son peligrosos?

    -No lo sabemos, porque no se han hecho los test adecuados; sólo sabemos que nos hacen daño a largo plazo. En general, impiden que los órganos y las células funcionen bien.

    -Pero se han hecho test con ratas.

    -Sí, pero los resultados son confidenciales.

    https://semillasysalud.wordpress.com/entrevista-dr-gilles-eric-seralini-experto-de-la-comision-europea-en-transgenicos/

    Mi conclusión es que habría que concienciar a la gente para que abra los ojos.

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    1. En realidad Gilles-Eric Seralini no es un experto de la UE. Fue galardonado como el mejor científico del año en 2011. Pero si tú pagas 300 €, obtendrás el mismo galardón concedido por una entidad que fundo él mismo. Su estudio está plagado de errores, mala praxis y manipulaciones. La revista Nature que lo publicó, se retractó finalmente ante el aluvión de críticas por su pésima calidad científica y lo retiró. Un ejemplo juego sucio para desprestigiar a los transgénicos.

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  3. Después de leer esta entrada decidí preguntar a varias personas, cuatro concretamente, si están a favor de los transgénicos. Tres de ellos respondiéron con un NO rotundo. “suena mal” “es antinatural” “modificar los genes de un fruto para que esté más bueno o sea más bonito no me parece bien”, fueron algunos motivos que me diéron.
    La otra persona simplemente no quiso opinar porque según dijo “no estoy lo suficientemente informada sobre ese tema”.
    Pues bien, a donde quiero llegar con esto es que realmente hace falta concienciar a la gente, como bien dicen mis compañeros.
    No hay que convencerles de que son buenos o malos, eso lo deben decidir ellos.

    Simplemente hay que informar de que “no todos los organismos son perjudiciales”, “no hay nada material que no esté formado por sustancias químicas” y que “todo lo que comemos tiene genes”.

    Con esas tres simples razones que están muy bien explicadas aquí, podemos hacer que una persona cambie de opinión.

    Yo lo conseguí con las tres personas que he nombrado anteriormente.

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    1. Como le decía a Zoe en un comentario anterior, lo ideal sería que todo el mundo tuviera información. Pero información real, no interesada. Y que con esa información pudiera valorar críticamente lo que quiere. No creo que yo llegue a verlo. Ojalá tú sí.

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