¡Maldita Ciencia!

La Ciencia no pasa por su mejor momento. Los ciudadanos tienen la percepción de que, en general, la Ciencia está detrás de los grandes males de nuestro tiempo: La destrucción de la Naturaleza, la contaminación, el cambio climático, la mala calidad de los alimentos, muchas de las nuevas enfermedades y buena parte de las antiguas, planes gubernamentales para reducir y someter a la población, conspiraciones con las grandes corporaciones para vendernos lo que no necesitamos y reducir nuestra calidad de vida…

La realidad es bien distinta. Buena parte de los problemas enumerados en el párrafo anterior solo existen en la mente de quienes los denuncian y, aunque otros son reales, no hay que buscar en la Ciencia la responsabilidad o la culpa, sino la solución.

Lo cierto es que la esperanza de vida (promedio del número de años que viven los habitantes de una cierta zona geográfica) era de entre 30 y 40 años a principios del siglo XIX, entre 50 y 60 años a principios del XX y de 67,2 años en 2009 (82,38 años en España). Y buena parte de ese incremento en nuestras expectativas es debida a avances científicos.

En contra de lo que muchos piensan y defienden, nuestra alimentación es mucho más segura y saludable que la de nuestros abuelos, la medicina occidental logra mantener a raya un gran número de enfermedades que hasta hace poco eran mortales y, prácticamente, ha erradicado muchas de ellas. Y la vida es razonablemente segura gracias a inventos y dispositivos basados en conocimientos científicos.

Sin embargo, día a día surgen recomendaciones alimentarias extravagantes, carentes de sentido y hasta peligrosas, nacen terapias alternativas que, en el mejor de los casos, son un fraude y, en el peor, un riesgo para la salud y crecen miedos infundados en la población a agresiones inexistentes y desgracias imaginarias.

La homeopatía, la hipersensibilidad electromagnética o química, la agricultura ecológica, los alimentos prohibidos, etc., son solo una parte de las teorías y prácticas pseudo científicas que encuentran presa fácil en la población desinformada.

Este blog pretende dar pautas a los alumnos del IES Jorge Juan de Alicante (y a cualquier otro visitante, claro está) para defenderse de las mentiras en un mundo de conspiraciones y fantasmas.

Un ciudadano libre tiene en estos tiempos muchos enemigos. La Ciencia no es uno de ellos.

© Nacho Sendón. Alicante, 30 de agosto de 2015

3 comentarios


  1. Gracias Nacho, a veces te leo y casi siempre coincido con todo lo que dices. Tenemos que concienciar a la población de estas cosas desde todos los ámbitos posibles.

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  2. Claro que nos ha ayudado, pero también nos ha perjudicado, al fin y al cabo la ciencia son las personas que hay detrás y aunque que la ciencia no sea ni buena ni mala, la controlan un minoría, movida por intereses puramente económicos, quedando voluntaria o involuntariamente a su merced.

    El problema que la gente no entiende es que la ciencia metafóricamente es como un arma, inútil sin una persona o grupo de personas detrás. Una pistola sin dueño, no puede evitar crímenes pero tampoco cometerlos, lo que es obvio es que la culpa nunca puede ser de la pistola, sino de la persona que hay detrás. Lo que me parece terrorífico es que la gran mayoría de tecnología punta siempre haya sido dirigida y financiada con intenciones armamentísticas generalmente de destrucción, o como dirían ellos, “para salvaguardar la paz”.

    Mi conclusión es a favor de la ciencia, por supuesto, pero a favor aun más de tener un control sobre quien la utiliza, porque nadie pondríamos un arma en las manos de un asesino, pero si de un gobierno que quizás ha tenido la culpa, de muchos de esos asesinatos, robos, etc. Por las malas condiciones de vida que han generado en muchas personas.

    The voice.

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    1. La Ciencia, como cualquier actividad humana, está sometida al imperio de la ley. Eso es positivo en el sentido de que, idealmente, la ley responde a los deseos de los gobernados que, democráticamente, eligen a sus gobernantes. Sin embargo, no es necesario insistir en el hecho de que el sistema está corrompido y, en muchas más ocasiones de las que nadie debería tolerar, los gobiernos actúan en contra de los intereses de los gobernados. Pero eso es así incluso cuando los parlamentos, por intereses bastardos, legislan en contra de los avances científicos. Como es el caso de las trabas impuestas a la comercialización de productos transgénicos.

      ¿Es culpable la Ciencia de ello? En absoluto. Lo que yo defiendo es que los ciudadanos (y sus gobernantes) deberían fiarse más de los científicos y menos de charlatanes que pretenden embaucarnos (y nos embaucan) con su mercadería de baratijas y objetos brillantes. Hablo de mercachifles que nos venden terapias naturales, capas protectoras contra la hipersensibilidad electromagnética, remedios homeopáticos y sandeces semejantes.

      No obstante, te propongo un reto. Haz una tabla de dos columnas. En la de la izquierda, ve escribiendo avances científicos que hayan sido útiles a la Humanidad. Por cada uno de esos avances, añade otro, en la columna de la derecha que haya supuesto un perjuicio para la Humanidad. Para que el “juego” sea justo, deben estar al mismo nivel. No puedes poner a la izquierda el descubrimiento de Hertz sobre la producción de ondas electromagnéticas y a la derecha, los efectos secundarios de tal o cual medicamento. Una vez lo hayas hecho, compara la longitud de ambas columnas. Si la de la izquierda no es muchísimo más larga que la de la derecha, es que te queda mucha Ciencia por aprender.

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