Creer o no creer

Hace unos días, participé en una discusión sobre productos ecológicos. La cosa surgió a partir de una entrevista con José Miguel Mulet publicada en el diario El Mundo hace cuatro años y cuyo titular resultaba bastante provocador: “Los productos ecológicos no son ni más sanos ni más sostenibles, sólo más pijos”. Como siempre, le recomiendo que siga el enlace y lea la noticia completa.

El caso es que en un punto de la discusión yo hice referencia a una entrada del blog Ser consumidorla que lleva por título “Alimentos ecológicos ¿más saludables, más ricos y más seguros?” cuya lectura también les recomiendo. Concretamente, reproducía el siguiente párrafo del que se han eliminado referencias innecesarias:

“En cuanto a los productos de origen ecológico (…), la seguridad alimentaria ha de ser contemplada sabiendo que estos gozan de una legislación más laxa en algunos parámetros. De esta forma, por ejemplo, se permite que la presencia de micotoxinas y aflatoxinas sea muy superior en el momento de la comercialización en este tipo de productos que en aquellos que no tengan la consideración de ecológicos. Por no hablar además del riesgo aumentado de contaminación por bacterias fecales. Recordemos que en la producción ecológica se prohíbe el uso de abonos nitrogenados, permitiendo el uso exclusivo de, y cito textualmente, “estiércol animal o materia orgánica […] ambos de producción ecológica”, de esta forma el riesgo de intoxicación con bacterias fecales es unas ocho veces mayor en el caso de consumir productos procedentes de la agricultura ecológica que con la tradicional. A modo de ejemplo, en el origen de la renombrada crisis de los pepinos españoles, lejos de tener una causa española y centrada en los pepinos, todo apunta a que se debió a una producción ecológica de fenogreco en Alemania”

La respuesta de uno de mis interlocutores contenía el siguiente párrafo que yo también cito textualmente: “La naturaleza siempre ha sido más lista que el mejor cerebro humano. Con bacterias y microtoxinas, o cualquier escusa. Pero cada uno es libre de consumir lo que prefiera. Yo apuesto por una conexión con la tierra que vivo.”

Para mí, esa cortita declaración contiene varias de las actitudes más preocupantes de una renovada forma de fundamentalismo. Y digo renovada porque, en mi opinión, es la misma intransigencia que casi le cuesta la vida a Galileo al defender que era la Tierra la que orbitaba alrededor del Sol y no al revés. En aquellos tiempos, el fanatismo procedía de la Iglesia Católica. En la actualidad, lo hace de un nuevo sentimiento que, por muchos motivos, parece heredero de la intolerancia inquisitorial.

Estos nuevos “ayatolás” rechazan, en general, los estudios científicos, pero los usan cuando les conviene. La persona que debatía conmigo, considera una excusa la presencia de bacterias y microtoxinas en los productos ecológicos. Tampoco parece importarle mucho que solo en Alemania, en mayo de 2011, murieran casi cincuenta personas por contaminación con E. Coli presente en una partida de semillas de fenogreco ecológico (“Bruselas atribuye ahora la ‘E. coli’ a semillas de Egipto”).  Sin embargo, estas personas suelen hacer referencia a estudios como el del doctor Andrew Wakefield que relacionaba la vacuna triple vírica con el autismo o diversos estudios que indican que el uso de edulcorantes artificiales puede producir cáncer.

El primero de esos estudios resultó ser una estafa monumental (“Confirman que el estudio que relacionaba vacunas con autismo es un fraude“). Y en el caso de los edulcorantes, los datos obtenidos con ratas se extrapolaron incorrectamente a los seres humanos. Por ejemplo, la sacarina parece tener una relación con el aumento de cáncer de vejiga en ratas, pero mediante un mecanismo que no es aplicable al ser humano (las ratas y los seres humanos, por más que muchos piensen lo contrario, no somos iguales, nuestros cuerpos funcionan de manera diferente. Por ejemplo, a las ratas los incisivos les crecen durante toda la vida, por lo que necesitan roer objetos duros para desgastarlos, a nosotros, afortunadamente, no). O el aspartamo, que en un estudio de 2005 se sugirió que podía producir linfomas y leucemia en ratas, pero ni los resultados fueron concluyentes, ni las circunstancias aplicables a los seres humanos. A las ratas se les administró aspartamo equivalente al contenido en entre 8 y 2083 latas de bebidas edulcoradas al día. Incluso en el límite inferior, es una barbaridad. Significa beber casi tres litros de bebidas edulcoradas al día (Edulcorantes artificiales y el cáncer).

No obstante, para los defensores de la vida natural, las vacunas provocan autismo y los edulcorantes (“químicos tóxicos”) provocan cáncer. En definitiva que rechazan los estudios científicos avalados por la Comunidad Científica y se agarran como lapas a otros ampliamente rechazados por esta.

Y todo ello se basa en el concepto de Naturaleza como ente. Una naturaleza sabia (“más lista que el mejor cerebro humano”), bondadosa, y cuyos hijos están conectados entre sí (“Yo apuesto por una conexión con la tierra que vivo”).

Para mí, este concepto podría tener dos procedencias. La primera de ellas, la religión. Aún recuerdo cuando era pequeño y los curas de mi colegio me decían que Dios era el único capaz de crear a partir de la nada (en aquellos tiempos, la escuela española defendía a pie juntillas el creacionismo). Cualquier intento del ser humano para reproducir lo creado, incluso para mejorarlo, no solo estaba condenado al fracaso, sino que además, era pecado.

Y estoy convencido de que el segundo origen de semejante tontería es la película Avatar.

La Naturaleza no es sabia (ni tonta), ni bondadosa (ni malvada). La naturaleza no es un ser, ni un circuito eléctrico al que nos podamos conectar. La naturaleza no es más que un conjunto de especies y formaciones geológicas en equilibrio inestable.

Existe un principio en Química, el principio de Le Chatelier, que, en realidad, es de validez universal. “Si se presenta una perturbación externa sobre un sistema en equilibrio, el sistema se ajustará de tal manera que se cancele parcialmente dicha perturbación en la medida que el sistema alcanza una nueva posición de equilibrio”. Si nosotros, por ejemplo, tenemos un matraz con reactivos químicos en equilibrio y aumentamos su temperatura, el sistema evolucionará absorbiendo energía del exterior en un intento de reducir la variación de temperatura. ¿Eso hace inteligentes a los reactivos? Por supuesto que no. La ecología (que no el ecologismo, que se parece a la ecología como el socialismo a la sociología: “Por un buen uso de la palabra ecología“) enseña que si introducimos una perturbación en un sistema ecológico, este evolucionará. Por ejemplo, imaginemos un conjunto de especies que comparten un hábitat. Si suprimimos una de esas especies, la A, la consecuencia inmediata será que aquella otra que le servía de alimento, la B, verá incrementada su población. En cambio, la que lo usaba de alimento, la C, se verá mermada en número al carecer de uno de sus sustentos. Probablemente, el tema se resuelva haciendo que C se coma a A.

Es una reacción, sí, pero no denota inteligencia. Coja usted un cilindro con una separación móvil en medio y una tapa también móvil. Permita que el aire llene los dos compartimentos así formados. Ahora, haga fuerza sobre la tapa. La presión del gas en contacto con la tapa aumentará, haciendo una fuerza extra sobre la separación móvil. De esta manera, la presión del segundo gas aumentará también alcanzándose un nuevo equilibrio. ¿Es eso inteligencia? Para nada.

La naturaleza no es inteligente, reacciona de manera mecánica a las acciones que sobre ella se efectúan. Debemos tener mucho cuidado en que esas acciones no se conviertan en agresiones porque la reacción de la naturaleza también puede ser agresiva. Pero tan agresiva como si pinchamos un globo lleno de gas. Nos estallará en la cara, pero no porque el globo se quiera vengar de nosotros, sino porque hemos debilitado el material que lo forma y no ha soportado la presión interior con lo que se rompe y expulsa el gas encerrado con gran violencia. Pero no hay inteligencia, estulticia, bondad o maldad en ello. Es pura mecánica.

La naturaleza no cuida de nosotros, tampoco trata de vengarse de nuestras agresiones. En la naturaleza hay cosas que podemos aprovechar (muchísimas) y otras de las que debemos cuidarnos (venenos, animales peligrosos, desastres naturales, ecologistas, etc.). Debemos aprender a convivir con ella, respetar su equilibrio, formar parte de él. Pero podemos y debemos mejorarla. Usarla en nuestro beneficio tratando de no romper el equilibrio. Lo contrario sí que es estúpido. Y acabaría con nosotros como especie. No somos más inteligentes que ella porque ella no lo es. Sin embargo, no reconocer la inteligencia humana, los avances debidos a esa inteligencia y cómo ha mejorado nuestras vidas es, como poco, desagradecido.

Y ya se sabe. De mal nacido es ser desagradecido. ¿O era al revés?

PS. Antes de que algún mal nacido lo plantee, no estoy defendiendo que se arrase el Amazonas, pidiendo que se urbanicen las cataratas de Iguazu o negando el cambio climático. De hecho, pido que se respete a la naturaleza, pero no porque sea obra de Dios o un ente místico con el que debamos estar conectados, sino por nuestra propia supervivencia. Es mejor no fugar con fuego. Y la naturaleza puede ser muy destructiva. Pero también digo que la agricultura ecológica no supone una agresión a  la naturaleza menor que la de la agricultura convencional. Y añado que es menos saludable, menos eficiente y, por tanto, menos solidaria.

© Nacho Sendón. Alicante, 6 de septiembre de 2015

7 comentarios


  1. Estoy de acuerdo con tu opinion acerca de los productos ecologicos , basicamente por que la agricultura ecologica se basa en una serie de objetivos y principios , mas que nada , para minimizar el impacto humano con el medio ambiente , como :
    -Rotacion de cultivos como prerrequisito para el uso eficiente de los recursos in situ
    -Prohibicion en el uso de pesticidas , fertilizantesd sinteticos , antibioticos para ganado , adictivos…
    -Prohibicion de uso de organismos modificados geneticamente…
    -Aprovechamiento delos recursos in situ (estiercol , alimentos para el ganado…)
    -Seleccion de especies vegetales y animales resistentes a enfermedades y adaptadas a las condiciones locales
    -Cria de ganado en zonas del aire libre y alimentacion ecologica
    Pienso que los productos ecologicos son mas sanos , aparte de eso tambien opino que es mejor saber que te estas comiendo , saber que es natural , no como los que no lo son , que nisiquiera sabemos lo que estamos comiendo ni su composicion ni nada.
    Un saludo
    Zoe Ferrandez Rico 3A

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    1. En realidad, Zoe, no estamos de acuerdo en absoluto.

      La rotación de cultivos está muy bien, pero no es suficiente. Si fuera eficiente, el precio de la verdura y fruta ecológica no sería tan escandalosamente elevado. Como el agricultor obtiene una cosecha ínfima, tiene que cobrar un precio anormal e injustificadamente alto a los que pueden pagarlo. Así es que, al hablar de eficiencia, ¿hablamos del tercer mundo? ¿o hablamos de los países ricos?

      No hay ningún riesgo en el uso de pesticidas, fertilizantes sintéticos o antibióticos para el ganado. Pero, naturalmente, debemos saber utilizarlos correctamente. Por ejemplo, si tú usas un antibiótico porque tienes gripe, no solo no te servirá de nada, además destruirá tu flora bacteriana (necesaria para el correcto funcionamiento del aparato digestivo) y aumentará tu resistencia a los antibióticos. ¿Debemos prohibirlos? ¡No! Debemos usarlos con cabeza. En ese sentido, la norma debe ser más estricta y los veterinarios deben vigilar que los ganaderos usen los antibióticos cuando realmente son necesarios. Hoy en día, los ganaderos son los principales interesados en no usar antibióticos si no son imprescindibles. Además, esos antibióticos se metabolizan en un plazo relativamente breve. En cuanto a los pesticidas, no plantean problemas si se usan en su concentración justa. Si nos pasamos, llegarán a los acuíferos y los contaminarán. ¿La solución es no usarlos? ¡No! La solución es usarlos correctamente. En cuanto a los fertilizantes sintéticos inorgánicos, parecemos olvidar que la tierra en la que plantamos las frutas y verduras es inorgánica. Buena parte de esos fertilizantes no son más que los mismos compuestos que s epueden encontrar en la tierra, pero más concentrados.

      ¿Qué problema hay con los organismos modificados genéticamente? No hay un solo estudio serio que haya demostrado riesgo para la salud. Y subrayo lo de serio. Hay un único estudio que relacionó un cierto tipo de maíz transgénico con el cáncer en ratas. Pero demostró ser un fraude. Aparte de eso, llevamos usando la selección genética desde mucho antes de saber que existen los genes. Aproximadamente desde hace diez mil años. Lo que ocurre es que antes lo hacíamos a tontas y a locas, y ahora lo hacemos con conocimiento.

      ¿Qué ventajas tiene el estiércol? Ninguna. ¿Riesgos? Bueno, pues ya ha habido un número considerable de fallecimientos por consumo de productos ecológicos abonados con estiércol contaminado con una cepa mortal para el ser humano de E-coli. La E-coli se encuentra presente en los excrementos de los animales. Solo es cuestión de suerte (mala suerte) que te toque la cepa mortal. Es una ruleta rusa.

      Lo de elegir especies adaptadas a las condiciones locales está muy bien para los países ricos. Para países como India en la que existe un déficit de vitamina A en la alimentación tradicional, vendría muy bien el arroz dorado, variedad transgénica que ayudaría a disminuir el problema de la ceguera infantil. Si no es una especie adaptada a las condiciones locales, usemos la ingeniería genética para adaptarla. ¿Para qué plantar una especie resistente a las enfermedades y adaptada a las condiciones locales y que no tiene ninguna ventaja nutricional? Mejor plantemos una que sea resistente a las enfermedades, se adapte a las condiciones locales y tenga otras ventajas como la resistencia a las plagas, a las sequías, con un mayor aporte nutricional, etc. ¿Cómo se consigue eso, pues con la ingeniería genética? ¿Por qué nos preocupa eso? Ya te digo que llevamos haciendo modificaciones genéticas desde el neolítico, pero sin saber lo que hacíamos. Tú no te comerías, por ejemplo, un plátano “natural”, o sea, silvestre. Gracias a la selección genética artificial practicada a lo largo de siglos, hoy tenemos los lustrosos, sabrosos y saludables plátanos canarios, que no existían en la naturaleza.

      Al contrario de lo que piensas, en las especies transgénicas tenemos mucha más información de lo que estamos comiendo de la que tenemos en las convencionales o ecológicas. Precisamente porque las hemos puesto bajo el microscopio y las hemos analizado.

      ¿Y por qué es mejor lo natural? ¿Con qué te vistes? Con pieles de animales (lo natural) o con tejidos sintéticos (poliéster, poliamida, viscosa, rayón, nylon, etc.). Incluso cuando crees que usas fibras naturales (algodón, lino, seda, etc.) olvidas que la naturaleza no nos daría tantas fibras naturales. Debemos plantarlas, es decir, obligar a la naturaleza a variar su curso. Donde antes había plantas silvestres ahora plantamos algodón. ¿Qué hay de natural en eso?

      Estás rodeada de productos sintéticos que hacen tu vida más cómoda, más larga y más saludable. No los rechaces con tanta alegría. Porque si lo haces, y eres consecuente, deberías volver a vivir en una caverna, comer de lo que caces o recolectes (no de lo que plantes, sino de lo que la Naturaleza, generosamente, te ofrece) y, probablemente, morirte antes de cumplir los 20. ¿Estás segura de que lo natural es mejor?

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      1. También tienes razón , no lo había planteado de esa manera , ahora supongo que tenemos mas recursos , y que si se usan con cabeza pueden llegar a conseguir el propósito que tienen y que sean sanos para nosotros . Es verdad que en el uso cotidiano se utiliza muchísimo lo sintético o lo que no es ecológico . También es verdad que la gente que cultiva los alimentos ecológicos seguramente no cobra lo suficiente para los precios tan elevados que conlleva comprar productos naturales . Me alegro de que me hayas contestado y poder haber recapacitado antes de que ya fuera tarde .
        Zoe

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        1. Lo que de verdad me gustaría, Zoe, es que estudiaras mucho, no solo Física y Química, también Historia, Biología, Literatura, Matemáticas… Que aprendas todo lo que se puede aprender y después, que fueras capaz de seleccionar la información que te llega para saber qué tiene sentido y qué no son más que paparruchas. Te pongo un ejemplo. Oirás a gente decir que la homeopatía es un fraude y a otra decir que es la mejor de las terapias. ¿De quién te tienes que fiar? Pues, ahora mismo, de nadie. Cuando sepas lo bastante de Química, podrás tomar tu propia decisión y sabrás si es un fraude o una terapia válida. Una persona como yo te puede confundir con sus argumentos. ¡No te fíes de mí! Sé crítica y toma tus propias decisiones. Solo en aquellas cosas de las que no seas una experta te podrás fiar de quien sí lo es. Pero cuando hayas adquirido esa capacidad crítica, también podrás saber de qué expertos te puedes fiar y de qué otros falsos expertos no debes aceptar nada.

          Yo soy un decidido partidario de los transgénicos, pero ¿quién soy yo? En ese tema, nadie. Lo único que hago es leer lo que dicen personas que se merecen toda mi confianza. Por ejemplo, Venkatraman Ramakrishnan premio Nobel de Química de 2009 y director de la Royal Society. Si tienes tiempo y te apetece, lee la entrevista que publicó el lunes el diario “El País”: http://elpais.com/elpais/2015/09/14/ciencia/1442198203_097186.html

          Nos vemos en clase

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  2. Después de leer la noticia de José Miguel Mulet, la entrada de Juan Revenga y la tuya coincido en que la base de todo este conflicto reside en querer humanizarlo todo; es decir, desde los principios de la vida han existido dioses, entes o seres en las culturas que han hecho pensar que existen seres muy superiores a nosotros, responsables del inicio de la vida, los beneficios o los perjuicios que nos ocurren. Estos seres siempre los imaginamos o bien físicamente humanos o aún siendo algo abstracto, seres con una capacidad de pensamiento o sentimiento similar a la nuestra. A raíz de esto una gran parte de la población es seguidora de una religión o cree en la naturaleza como ente inteligente. Esto lleva a pensar, como bien dices, en que todo lo llamado “artificial” es malo ya que, no está sacado directamente de la naturaleza.

    Todo esto es completamente absurdo y me cuesta mucho creer que verdaderamente estas personas no sean capaces de aceptar todos los estudios realizados que demuestran que los alimentos ecológicos no son mejores y que incluso pueden llegar a ser perjudiciales. Esto sólo me lleva a pensar que la estupidez humana es muy grande.

    En mi opinión, la Unión Europea debería endurecer las pruebas que deben pasar estos alimentos y hacerlos más seguros. Ya que, aunque estás personas que los consumen puedan acceder a estudios donde se demuestra que estos alimentos no son beneficiosos también tienen derecho a consumirlos con máximas de seguridad comparables a las de los alimentos no ecológicos.

    Además creo, que las personas deberían ser más informadas sobre aspectos como este, o el de la vacunas, ya que son asuntos serios, con los que pueden poner en peligro vidas de niños inocentes, como pueden ser sus hijos. Y creo que esta formación debería darse en la educación secundaria obligatoria e incidir bastante en ello.

    También pienso que la inexistencia de religiones ayudaría mucho, pero eso suena muy radical.

    Un saludo,

    Rosa.

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    1. Bueno, pues parece que sí era posible hacer un comentario original ¿no?

      En realidad, Rosa, lo que dices es absolutamente radical. Y, precisamente por eso, es sabio. La radicalidad es la que ha hecho avanzar a la Humanidad. ¿Crees que habríamos avanzado algo a base de conformismo? Por supuesto que no. Seguiríamos golpeando la roca esperando que salga agua de ella.

      Decía Friedrich Schiller, poeta y filósofo alemán que “contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano”. Siempre existirán personas que se opongan a la evidencia. Ahora nos reímos de los que pensaban que el Sol giraba alrededor de la Tierra olvidando que la cuarta parte de los españoles aún lo cree. Y sobre todo, que a Galileo casi lo queman por afirmar lo contrario. No es para reírse. Sobre todo, porque ahora sigue pasando lo mismo. Solo que ahora no es la iglesia católica (o no siempre la iglesia católica). Ahora hay organizaciones como Greenpeace que ejercen de nuevos inquisidores. Y es una pena porque Greenpeace ha hecho una extraordinaria labor en otros campos como el del calentamiento global. Pero en esto se han vuelto conformistas e inmovilistas.

      Siguen golpeando la roca porque creen que es pecado instalar grifos y tuberías.

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  3. El que alguien prefiera tomar un alimento ecológico ante otro que no lo es con el argumento de que este es más natural, por tanto mejor y más sano no lo comparto. Como ya ha sido mencionado antes, que algo sea artificial no tiene nada de malo. Si tuviésemos que vivir con solo alimentos ecológicos, no podríamos subsistir tantos millones de personas. No hay que negarse a los avances. Me parece increíblemente terrible que haya gente que siga sin vacunar a sus hijos siendo un tema tan comprobado y que se guíen por sus intuiciones, jugándose la salud de sus hijos. En temas que nos parecen tan claros, como este o como el de si la tierra gira alrededor del sol que decías antes, hay una extraña y preocupante ignorancia…
    Pero bueno, a lo que quería ir desde un principio. Me parece que si que hay alimentos ecológicos que merecezcan la pena consumir. En la fruta y en las hortalizas es algo complicado porque el precio se multiplica y, bueno, el sabor mejora bastante, pero madura muy rápido, algunas salen malas, etc. Es algo que la gente consume a diario y la gente no quiere algo tan caro para consumir frecuentemente. Mi padre, que tiene un supermercado, vende por ejemplo huevos ecológicos y horchata ecológica. Aunque reduce la fecha de caducidad, el sabor mejora mucho, y no te arriesgas a que te salga malo, no en la misma medida que la fruta al menos, pero de todo el tiempo que lleva vendiendo y consumiendo nosotros también, no se ha quejado nadie nunca ni nos ha salido nada malo. No como uso diario porque te gastarías mucho, pero de vez en cuando, a mi por lo menos, me gusta disfrutar de un vaso de horchata o de un huevo frito diferente, por así decirlo. No porque me vaya a sentar mejor al ser natural, sino porque está muy bueno.

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